POESIA  MISTICA
Trasciende el alma y el espíritu, poesía de amor, de amor ardiente ... experiencia mística convertida en palabra...  poesia mistica
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FERNANDO   RIELO


¡ Oh espíritu absoluto que, divino, arrebátame a la región en la que Tú, desatado, subsistes!

       ¡ Tomad distancia de lo humano para acercaros más a lo divino, podreis asi contemplar, desde lo divino, todo lo que es humano !



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FERNANDO   RIELO


Querido amigo:

- ¿has visitado tu alma?
- ¿has hecho turismo en ella?
- Te invito a que a ella viajes el próximo verano
- Te aseguro que verás calles con ángeles
   que animados se pasean
   y alguna vez se les oye
- Si quieres, sacamos el billete juntos
- Ah... y proponte que sea billete de primera
  billete de ida y nunca de vuelta
- Sin más que decirte... un abrazo

               
               Paisaje Desnudo,1979
       El poeta salesiano Rafael Alfaro presentó en Madrid, el pasado martes 5 de octubre de 2010, su libro de poemas " Hora de la tarde " .
El libro ha sido galardonado con el  Premio Mundial de Poesía Mística que otorga la Fundación Fernando Rielo, dotado con 6.000 euros y la publicación de la obra.
Como destacaron los poetas que lo presentaron, el poemario galardonado parte de la experiencia del hombre que se asoma a la última hora de su vida, la hora del ocaso. En esta unión de planos, el poeta  mantiene una lúcida consciencia y una visión desde la que otea su tiempo que, en sus propias palabras, es "tiempo de vida" y "tiempo de muerte".
El libro de Rafael Alfaro es "una meditación poética sobre la tarde de la vida con una voz de hondo contenido humano y espiritual".
       El autor ofrece una visión de la humanidad comprensiva y emocionada, con un discurso que fluye con placidez, sin emociones violentas ni turbulencias, en una búsqueda del sabor eterno de las cosas.
Poesía y Sufismo

Extraido de:  webislam

Webislam es un proyecto de Junta Islámica, una organización sin ánimo de lucro, en la que cooperan, junto a musulmanes, personas de otras confesiones y creencias, dando así un testimonio práctico del diálogo inter-religioso e intercultural.
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Hace cerca de mil años un poeta sufí decía del sufismo que era un sabor, porque su objeto y su fin podrían definirse como una sabiduría directa de verdades trascendentes, más comparable con las experiencias de los sentidos que con el conocimiento que procede de la mente. "¿Dónde está la sabiduría que perdimos con el conocimiento?", anotaría para el caso un poeta de Occidente.

Más que una doctrina, el sufismo es un puente (puente entre Oriente y Occidente), un camino, una manera de buscar, un arte de llamar. "Buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá." Al modo sufí, diríamos que la poesía es un sabor.

Antes de que el mundo existiera, viña, racimo o uva,
nuestra alma estaba embriagada de vino inmortal.

Ibn al Farid
Visto como esa vuelta al origen, al núcleo sagrado, al reducto físico del alma, el sufismo ha tenido nexos directos con la creación poética: es el movimiento del poeta hacia lo desconocido y lo indecible, ese deseo por elevar el espíritu por encima de sí mismo, emigrando del mundo sensible al imaginario.

El sutil alquimista transmuta en un instante
en oro el pesado metal de los días.

William James denomina a este rasgo místico como inefabilidad: desafío de la expresión, incapacidad de la palabra para informar acerca del contenido de la experiencia. Así, es posible afirmar que el único modo de comunicar lo inefable es, precisamente, mediante el lenguaje poético (William James, Las variedades de la experiencia religiosa, Barcelona, Península, 1994. p. 285).

De allí que frente al escepticismo del poeta moderno el maestro sufí Al-Alawi replicara: "Pero, diga lo que diga, y piense lo que piense, usted está más cerca de Dios de lo que cree". Sólo Dios puede enunciar, por medio de las palabras de su fiel, el misterio de su unidad.   Esencialmente, el sufismo cumple la función de recordar al hombre quién es en realidad, liberando su alma de los confines de aquella prisión ilusoria del ego.

Vida-muerte, amor-guerra, naturaleza-Dios, son los motivos de revelación pretemporales en la tradición primordial sufí, al igual que en la lírica clásica; poemas, oraciones, himnos, proverbios, sus expresiones y experiencias: "Materia inmaterial de los místicos, en la que la imaginación metafísica puede modelar sus sueños", según Henry Corbin.

Con frecuencia, un verso precioso
alivia un corazón apesadumbrado.

Hafiz
"No hay más realidad que la realidad", afirma este arte sagrado en su doctrina de geométrica simpleza. Todas las cosas formadas por las fuerzas del universo tienen una forma y un contenido divinos: perplejidad metafísica. Agotar la realidad, darle un ritmo -aquí y ahora- a esta geometría divina, es la propuesta de estos místicos heterodoxos (de raíces platónicas - neoplatónicas-, gnósticas y zoroastrianas), de allí que se defina al sufí como el hijo del tiempo presente o el hijo del instante.

Yo, que he visto a mi Señor con el ojo del corazón,
le digo: ¿Quién eres Tú? Y Él me responde: ¡Tú!

Para William James, los estados místicos corresponden a estados del conocimiento, estados de penetración, revelaciones e iluminaciones repletos de sentido. Forma de conocimiento no intelectual.

Evocando con vino al amado,
bebimos hasta embriagarnos,
cuando aún la viña estaba por crear.

Ibn alFarid
La metáfora de la embriaguez habla de ese viaje del alma desde la dispersión y el pesar hasta el conocimiento real (divino), la promesa de ebriedad más allá de la apariencia efímera.

Deja ya tu egoísmo; no temas la pobreza.
No persigas el oro. Y bebe, que una vida
tan llena de pesares, hay que pasarla toda
en un sueño profundo o embriagado de vino.

Omar Khayyam
El sufismo, como la poesía, trasciende las cadenas de la religión hacia una esencial forma de contemplación -mística salvaje- más allá de cualquier ideología. El asombro ante la contemplación de la realidad lleva al poeta a divinizarla, a volverla sagrada. El poeta sufí no pretende tan sólo utilizar el lenguaje sino fundirse en comunión con él.

Si la locura le encuentra,
él la toma por sabiduría.

Ghazali
El sentido final del sufismo es la santidad, pero una santidad creada, particular, individual -aun inversa, como la del malamatí que concita la reprobación- ya que la originalidad es inseparable de la unidad. Lo que en términos poéticos se aproximaría de alguna manera al estilo, el estigma, esa marca particular que nos hace universales. La santidad del poeta es su estilo.

Transforma tu cuerpo entero
en visión, hazte mirada.

A semejanza del taoísmo y del zen, el pájaro sufí establece una relación tácita entre revelación mística e inspiración poética y provee la metafísica necesaria para su comprensión. Las palabras son el vehículo para el íntimo deslumbramiento y el silencio es su oración. "En verdad, somos Dios, y a Él regresamos", afirma el versículo de "la sabiduría del retorno". Este reflujo (tentativa de inmersión en lo absoluto) o viaje hacia el interior divino ha sido encontrado por estos místicos a través de dos vías de ascesis: la meditación y la poesía (ojos de la imaginación).

Quien no ve la mano que realiza la escritura,
supone que el resultado procede del movimiento de la pluma.

Ibn Arabi
Adoración del amor, instinto de posesión del cuerpo, anhelo de fusión del ser en el otro. En la lectura erótica sufí hay que presuponer y diferenciar tres clases de amor que, como tres modos de ser, se manifiestan en la criatura:

1. El amor divino: el amor de la criatura por su Creador (deseo del Dios revelado).

2. El amor espiritual: en el cual sujeto y objeto son el mismo (el Amante y el Amado). Teofanía física.

3. El amor natural: que desea poseer y satisfacer sus propios deseos. El viaje en este amor, como lo afirma Ibn Abbad de Ronda, es de "descenso y bajada" tras el éxtasis. El deseo desaparece y con él, el deleite.

La oración, el poema y el corazón son para el sufí el centro de la conciencia. "Serena tu espíritu y aprende a nadar", decía Alí al Yamal a propósito del estado de perplejidad, de quietismo, de alumbramiento que busca el iniciado. Dicho en otros términos: libera tu mente de tal modo que tu espíritu (en inspiración), tras dejar de caminar, pueda experimentar los movimientos espontáneos de la intuición, de la misma manera que un cuerpo en el agua se libera a los gestos espontáneos de sus miembros, agitándose, sin aferrarse a nada: "Aquellos que no son peces pronto se cansan en el agua" (Rûmi).

Dejar el corazón vacío, cortar los vínculos con el mundo, es el método de ascesis de los sufíes, sean cuales sean sus grados o formas y está resumido en la palabra árabe fanâ, que traduce "aniquilamiento". "Si quieres ser sincero, muere", dice Ibn al Farid. Aniquilar el ego (el ídolo de todo hombre es su ego). "Que tu aniquilamiento sea tal, que no tengas ya que negar ni afirmar". La vía mística es el vacío, pero no el vacío absurdo, sino el vacío pleno. Se vacía de sí mismo (kenosis) y se deja invadir por la divinidad. Este ir más allá sobrepasa la razón hasta llegar a la ebriedad. Es el vino del que hablara Omar Khayyam en sus Robaiyyat.

Aquí pobreza, vacío, nada, locura, ebriedad no son más que el contenido del éxtasis.

El método poético a la manera sufí sería el planteado por el místico quietista Miguel de Molinos (1628-1696) en su Guía espiritual (Ed. José Ángel Valente, Barral, Madrid, 1974): "Lo que tú has de hacer será no hacer nada, procura en esa nada sumergirte… Lo que importa es preparar tu corazón a manera de un blanco papel, donde la divina sabiduría pueda formar los caracteres a su gusto".

Es la poesía entendida entonces como ese decir sin decir, silencio elocuente, decir contenido, música callada, logos silenciado.